VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

15 septiembre 2016

La carta de Madre Teresa a una joven pareja

TESTIMONIO / TOM HOOPES  (Reproducido de Aleteia)*
La carta de Madre Teresa a una joven pareja
Cuando invitaron a la santa a su boda, no imaginaron recibir este maravilloso regalo
La Madre Teresa no pudo venir a mi boda, así que nos escribió una rápida nota donde compartió con nosotros lo que habría dicho de haber estado allí.
De hecho, fue mi esposa, April, quien la invitó. También invitó al presidente y al Papa. George y Barbara Bush enviaron una carta producida en serie. El Vaticano mandó sus bendiciones. Pero la Madre Teresa nos envió una respuesta personal, una página escrita a máquina con una errata (una “a” escrita sobre una “s”) y con su firma al final.
En estos días próximos a su canonización, se presta mucha atención a los grandes momentos de la vida de la Madre Teresa (en mi trabajo de día, en la universidad Benedictine College, lo celebran por todo lo alto). Pero para nosotros, este contacto íntimo con ella es lo más significativo.
Lo que nos escribió viene directamente de su propia biografía.
“Den la bienvenida a los niños en su matrimonio y ayúdenles a madurar para que sean la luz del amor de Dios en su familia y su vecindario”, escribió.
Precisamente lo que su padre hizo por ella. “Su padre fue una persona ejemplar. Tenía una gran influencia sobre ella”, contaba a The Washington Post un diplomático albanés que la conocía y con quien tenía amigos en común.
“Hijita mía”, le decía su padre de pequeña, “comparte siempre con los demás incluso la poca comida que tengas, sobre todo con los pobres. El egoísmo es una enfermedad del espíritu que nos convierte en sirvientes de nuestras riquezas”.
Pero sus palabras no fueron su gran lección. El hogar de Teresa de Calcuta era escenario de muchos encuentros políticos y su padre solía empezarlos presumiendo de la voz de su hija. Y es que Agnes era una “maravillosa soprano” que solía cantar para los invitados la hermosa canción albanesa En el lago.
Nunca abandonó el camino que su padre dispuso para ella. Se pasó toda una vida erradicando el egoísmo, como su padre le había aconsejado, y plantando cara a los hombres poderosos, también como su padre le enseñó.
“El día de su boda recibirán muchos regalos; entre ellos algunos muy caros. Pero el regalo más precioso que recibirán ese día es el regalo del uno para el otro”, señalaba. “Conserven la alegría de amarse mutuamente y compártanla con los demás”.
La Madre Teresa conoce exactamente lo que puede hacer por alguien el don del amor.
En 1946, Teresa de Calcuta escribió cómo Cristo la llamó para ir a la India. La noción romántica de que la Madre Teresa adoraba a los pobres y que se apresuró a servirles es falsa. No quería ir. Y aun así, fue.
Su postulador afirmó que su “sí” fue recompensado con “una unión real, cercana e intensa con Jesús en 1946 y 1947”.
Es complicado caer en exageración al hablar del poder de este “don de amor”. Sus años de cercanía a Cristo la cautivaron y la transformaron. Y menos mal que fue así. A continuación, siguieron décadas de oscuridad.  Sus 50 años de “oscura noche del alma”, en los que careció de todo consuelo de Dios, fueron un sufrimiento de una magnitud difícil de imaginar.
Pero no piensen en ella como un ejemplo de la capacidad de un alma para prevalecer sin experimentar a Jesús; piensen en ella como ejemplo de cómo una única experiencia de Jesús puede sostener un alma durante toda una vida.
“No temas”, le dijo Jesús.  “Soy Yo quien te pide que hagas esto por mí. No temas. Incluso si el mundo entero está en tu contra, si se ríe de ti, si tus compañeros y superiores te menosprecian, no temas. Yo estoy dentro de ti, contigo, para ti”.
El recuerdo de esta temprana experiencia de amor con Jesús la convirtió en una “apóstol de la alegría” que saludaba al mundo con una sonrisa y pedía a los demás que hicieran lo mismo, incluso cuando respondía a la correspondencia adentrada la noche, incluyendo la invitación a la boda de Tom y April Hoopes.
“Desde el primer día de su vida juntos como marido y mujer, recen juntos”, aconsejó. “Porque la familia que reza unida permanece unida en amor, paz y solidaridad”.
Por la gracia de Dios y la intercesión de una de sus grandes santas, hicimos justo lo que la Madre Teresa nos pidió. Y al mostrar su carta en nuestro hogar, también ha guiado a otros hacia esta vida de oración.
Rezamos por encima de todo por la gracia de hacer eso tan increíble que puede hacer un cristiano y que puede sacudir el mundo entero hasta los cimientos y transformarlo todo: obedecer a Jesús. Igual que la Madre Teresa.

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