VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

02 mayo 2016

Renovación de la Vida Religiosa

Despertar / Carme Soto / 21 La revista cristiana de hoy
Renovación de la Vida Religiosa
en clave contracultural

Somos conscientes del valor que encierra nuestra vocación para la vida de la Iglesia y el potencial de sabiduría, audacia y compromiso que podemos ofrecer al mundo en el que vivimos, pero nos sentimos poco valoradas/os en muchos ámbitos eclesiales y en general somos bastante invisibles en los espacios públicos de nuestra sociedad.

Mucho se ha hablado y escrito a lo largo de estos 50 años sobre la renovación de la vida religiosa y, sobre todo, mucho se ha hecho para hacerla realidad. Nadie puede dudar de los cambios significativos y positivos que hemos experimentado las diferente familias religiosas a lo largo de todos estos años y la audacia y compromiso con que hemos afrontado los nuevos desafíos sociales, culturales y religiosos en medio de un mundo tan cambiante y desconcertante como el que nos ha tocado vivir. El balance es muy positivo, sin embargo, sentimos una cierta insatisfacción y desorientación cuando intentamos afrontar nuestro presente y proyectar el futuro.

Somos conscientes del valor que encierra nuestra vocación para la vida de la Iglesia y el potencial de sabiduría, audacia y compromiso que podemos ofrecer al mundo en el que vivimos, pero nos sentimos poco valoradas/os en muchos ámbitos eclesiales y en general somos bastante invisibles en los espacios públicos de nuestra sociedad.

Esta situación puede quitarnos energía o invitarnos a la resignación o puede urgirnos a afrontar y posibilitar nuevos cambios que impulsen y recreen nuestro modo de seguir a Jesús de Nazaret. Es cierto que en este medio siglo la vida religiosa ha envejecido considerablemente y que los heroicos proyectos pastorales que impulsamos no consiguen invertir la pirámide de edades. Y esto, sin duda, juega en nuestra contra. Pero también es verdad, y quizá mucho más importante, que el Evangelio impulsa a la utopía y a la esperanza, no a la resignación.

Desde esta certeza quisiera proponer algunas reformas que podrían ayudarnos a las religiosas y religiosos de hoy a abrir nuevos cauces de presencia en la Iglesia y posibilitar que nuestro estilo de vida pueda ser más significativo y atractivo para nuestros contemporáneos y contemporáneas. Con ellas no quiero proponer recetas, sino invitar a seguir caminando.

Conozco más la vida religiosa femenina que la masculina pero soy consciente de que, aunque compartimos la misma vocación, además de vivirla institucional y personalmente de forma bastante diferente, no poseemos la misma presencia eclesial, ni las mismas oportunidades formativas, ni de liderazgo. Esto tiene que ver, en gran medida, con diversos estereotipos de género asumidos tanto por varones como por mujeres. Necesitamos que en la vida religiosa hombres y mujeres nos potenciemos mutuamente y compartamos el liderazgo y la palabra en el camino de construir y alentar nuestra vocación común.

Nuestra presencia en la sociedad es relevante, poseemos instituciones educativas y solidarias, luchamos a favor de los y las más desfavorecidas. Sin embargo, aunque se valora nuestro trabajo y compromiso, nuestra vida despierta poco interés. Quizá es momento de preguntarnos si, a pesar de nuestra significativa inserción en la realidad, no seguimos todavía vinculados/as a un universo de valores y significados que responden a un modelo de vida religiosa de épocas pasadas y hemos de repensar muchos de los conceptos y estilos con los que nos identificamos, para decirnos de un modo nuevo en los contextos en los que vivimos.

Seguir a Jesús es una opción contracultural y profética, pero no por oposición a lo nuevo, sino para discernir y apoyar lo que da vida. Creo que hoy seríamos más significativos si fuésemos capaces de implementar en nuestras estructuras de gobiernos modelos más circulares, de tomar decisiones institucionales encaminadas al cuidado de la creación, al consumo responsable e imaginar nuevos modos de presencia en la realidad, que nos permitan ser referentes de transformación, nos sitúen en los espacios de frontera y ahí seamos testigos de un Dios que siempre está de parte del ser humano.

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