VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

11 febrero 2015

2015: Optimista o Pesimista

Opinión | JOSÉ MIGUEL GÓMEZ, j.gomez@hoy.com.do*
2015: optimista o pesimista
El doctor J. Tilghman dice: Un optimista es aquel que sabe cómo sacar sol y alegría de un día nublado y triste. El optimista siempre tiene varias causas de existencia, un gran sentido de utilidad, un claro sentido de trascendencia.

Los optimistas, son altamente positivos, energizantes, esperanzadores, suben montañas, abren caminos. Están preñados de fe, dan caricias, son nutrientes; sueñan, son solidarios y afectivos, capaces de verle el lado bueno y positivo a las cosas; sencillamente son objetivos y racionales en su modo de ser y de actuar.
A un optimista no lo derrota el perverso social, ni la cultura del miedo, ni los prejuicios, ni el chisme, y menos los auto-derrotados, ni los miserables sociales. Un optimista aprende que su norte es él, que su protagonista es su propio “yo”, sus éxitos tiene él que conquistarlos; afronta las dificultades con alegría, se crece en los obstáculos; en fin, aprende que el después es ahora, y si algo sale mal, hay que volver hacia las metas trazadas.
La fortaleza de un optimista está en su condición de ser persona, en aprender a manejarse con equilibrio, con ética, con eficiencia y eficacia. Los optimistas aprenden de los obstáculos, pero nunca se culpan, saben que es mejor aceptar que hay circunstancias que en ocasiones no les favorecen, sin embargo, siguen adelante, sin aislarse y sin dejar que les destruyan las circunstancias, ni los perversos sociales. El optimismo es una psicología de vida que sabe que existen las derrotas, las frustraciones. Pero, como los buenos soldados, siempre se levantan, es un militante social que siempre tiene una utopía que derrotar, un ideal, un sueño, una esperanza. Recuerden que la esperanza es la pasión de lo posible, y lo posible se consigue con el día a día, con la sabia espera. No importa la velocidad de los otros; un optimista sube altas montañas porque confía en sus propias piernas.
Usted puede ser un optimista, se aprende, es una filosofía que jamás nadie, absolutamente nadie, le asesine su esperanza, ni sus sueños, ni sus metas, y mucho menos, que le ponga la distancia a sus pasos. O sea, la psicología de un optimista no la derrota nadie. Los optimistas tienen anclas, viven bien anclados, están en capacidad de soportar y confrontar cualquier tempestad, volverá a asumir sus estrategias, sus objetivos y metas. Las personas con anclas, son optimistas, tienen asumida una psicología de vida; saben qué hacer cuando otros no saben qué hacer, saben manejar de forma inteligente sus propios estresores psicosociales. El ancla y el optimismo son condiciones indispensables para ser el capitán de su propio barco, de su propia existencia y de su propia felicidad.
Sé de muchas personas que viven derrotadas; también sé de otros que viven paralizados por sus propios temores, lo que no estoy en capacidad de cuantificar es cuántos no han podido desarrollar la psicología del optimista.
Hoy sabemos que usted puede aprender, sencillamente, apoyarse en el coraje de la perseverancia, luche firmemente por sus propósitos, no permita que el mercado y el consumo dirijan su vida; aprenda a ser constante, a confiar en usted y en lo que hace, con amor, con disciplina, como las personas con anclas.
Las sociedades necesitan personas optimistas, las familias, las empresas, las escuelas; cada cual debe conquistar esta psicología de vida. Una vez la conquista, debes mantenerla, sin dejar que perversos sociales, ni los profesionales del pesimismo, aniquilen tu filosofía de vida. La identidad, la armonía y la firmeza en los valores de los optimistas y de las personas ancladas, repito, no las derrota nadie. Usted decide, ser pesimista u optimista.
* El Dr. José Miguel Gómez es psiquiatra y publica esta columna en el periódico HOY.

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