VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

20 noviembre 2014

No Violencia a la Mujer

No violencia a la Mujer | Adital Las niñas del inframundo
Las vemos todos los días en cualquier esquina. Las niñas del inframundo cargan sobre su cabeza en la cintura, en la espalda, con los males de la sociedad: racismo, estereotipos, discriminación, humillaciones, violaciones. Cargan con un hijo que les fue impuesto producto de una violación, por parte de un familiar o de un esposo con el que la casaron a la fuerza. Cargan con la desigualdad enraizada que también fue yugo para sus ancestras. Son las que maduran prematuramente, son las niñas adultas y son las adultas a las que la infancia les fue arrebatada, las de un vacío interminable como eco. Son a quienes las circunstancias y desigualdades han hecho luchadoras, inteligentes, despiertas, ariscas. A las que el desamor familiar, comunitario y de la sociedad han endurecido guardando la ternura bajo siete llaves y custodiándola de cualquier anuncio de asalto. La defienden con la vida. Son las que miran de frente, las que no le tienen miedo a nada porque lo peor ya les pasó.
Son las eternas sonrisas transparentes que anuncian incomprensión, desazón, y una ensombrecida ilusión que endulzan con un poco de rapadura en tortilla caliente. Con un poco de melaza del campo donde cortan caña de azúcar. La sal que les viene de las lágrimas amargas y que quieren endulzar con la esperanza. Son las que limpian en casa ajena.
Son las niñas que se sangran las yemas de los dedos cortando algodón en los campos del mundo entero. Las que cortan las frutas que luego son servidas en bandeja de plata en las cenas de gala en las mansiones de los millonarios. Las que tiñen las alfombras, las que limpian la sangre del rastro ovino del pueblo o de la ciudad. Son las que ven pasar la vida a través un tragaluz de maquiladora. Las transgredidas. Las que reciben palo noche y día. Las mal habladas.
Son las que caminan sobre el lodo con sus canastos de tortillas que salen a vender, bajo la lluvia ofreciendo tamales de casa en casa, las que arman los escaparates errantes en el mercado callejero, son las que reparten refacciones, las que anuncian los almuerzos en los cafeterías, las que venden chicles en las esquinas. Son las del folclore y la foto típica del recuerdo. Son las prostituidas por orden de sus mamás, por tranzas de sus papás. Por secuestradas, por explotadas.
Las niñas del inframundo son las que comen una vez al día cuando se puede, son las que pican piedra, las que limpian las mesas, los vómitos y los baños en las cantinas. Las que ponen la ficha en el gramófono y bailan con el cliente que las terminará violando. Que descargará toda su rabia, toda su perversión. Son los cuerpos mutilados, son las fosas clandestinas. Son estadísticas. Tesis. Coyunturas. Pancartas. Artículos. Poesías. Llanto. Son vacíos. Son el jamás regresará. Son los huesos rotos. Son las vaginas destrozadas. Son las manitas perfumadas con agua del chaparrón. Son las miradas aisladas. La lírica del camino. Avanzan como espectros por las noches subidas en zapatos de tacón, maquilladas a la fuerza, son las putitas que son obligadas a venderse a cambio de un cigarro, de una dosis de droga, de una inyección que las aliviana. Son las traga fuego, las limpia vidrios, las que extienden la mano en el semáforo. Las que deambulan por las madrugadas buscando comida en los basureros. Las que se paran como moscas en la entrada de un restaurante. Las que nunca aprenden a leer y a escribir, las que jamás pisarán una universidad. Las sin casa, sin familia, sin sueños. Las eternas marginadas. Las obligadas a emigrar.
Son las niñas de barrio, las escorias de la periferia, son las indias patas rajadas de los pueblos. Son las que no lloran, las que no ríen, las que ríen a carcajadas, las que lloran en soledad. Son las que duermen sobre un cartón en la ciudad. Son las que se pudren en las cárceles. Son las mareras, las tatuadas. Las putas saladas.
Son sidosas, las piojosas, las de cualquier enfermedad. Las que no tienen edad. Las que no se ahuevan. Las que no se rajan. Las que enfrentan la adversidad. Son las caóticas, los trastornos, las enloquecidas. Son las que no tienen pudor, ni vergüenza, ni pena, son las condenadas a la invisibilidad. Son las huele pega, las drogadictas, las suicidas, las rameras, las de una sola voz. Son la alcantarilla, la colilla del cigarro, el fragor de la hoguera.
Son revolucionarias, autónomas, rebeldes. No son jauría, son legión. ¿Por qué? Porque nada les fue dado, porque se lo quitaron todo, porque se han parido a ellas mismas una y otra vez y eso las hace invencibles, indoblegables, ingobernables. Ellas son la hermosura del inframundo. ¿Quién para tener el tesón de las marginadas? ¿Quién como ellas para tener la transparencia de las que no tienen nada? Nada más que el ímpetu, la conciencia y la libertad, que es todo. ¿Quién? Adital Joven | Ilka Oliva Corado.
Mujeres | América LatinaMujeres rurales todavía sufren restricciones de género y violaciones de sus derechosEn América Latina y el Caribe, 58 millones de mujeres viven en zonas rurales y 4 millones y medio son productoras agropecuarias, lo que las vuelve una pieza clave de la seguridad alimentaria regional, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) durante el Día de la Mujer Rural, 15 de octubre.
A nivel global, las mujeres rurales responden por la mitad de la producción de alimentos, aunque constituyen la mayor parte de la población pobre del mundo. En América Latina y el Caribe, si bien tanto el hambre como la pobreza general han disminuido en las última décadas, la proporción de femineidad de la pobreza en ha aumentado.
"Para revertir esta situación debemos cambiar ideas arcaicas y profundamente arraigadas sobre los papeles del hombre y la mujer que impiden la plena participación de las mujeres en la adopción de decisiones y en el desarrollo social y económico”, explica Raúl Benítez, representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe.
"En América Latina el 40% de las mujeres rurales mayores de 15 años no tienen ingresos propios y más de la mitad de las trabajadoras agrícolas en la región viven por debajo de la línea de pobreza.” señala Benítez. Las mujeres tienen además menos acceso que los hombres a la propiedad de la tierra, a los servicios financieros, a la capacitación y a otros medios para aumentar la producción agrícola, mejorar sus ingresos y la nutrición de sus familias. Según la FAO, si las productoras agrícolas tuvieran las mismas condiciones que los hombres, sería posible alimentar en el mundo a 150 millones de personas más. Mujeres procesadas en Honduras Más de 700 campesinas se encuentran procesadas en 15 departamentos de Honduras como respuesta a los procesos de recuperaciones de tierras por parte del sistema judicial hondureño, denuncian organizaciones sociales en el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales.
Las niñas y niños en muchos casos están siendo declarados por los juzgados en situación de "riesgo social” como "forma de amenaza e intimidación hacia sus padres y obligarles a desistir de su lucha”, señaló la dirigente campesina Magdalena Morales, quien está siendo acusada por el delito de usurpación de tierras. Lucha contra la violencia a la mujer en Brasil El 10 de octubre se celebra el Día Nacional de Lucha contra la Violencia a la Mujer. El 10 de octubre de 1980 estuvo marcado por un movimiento que comenzó en San Pablo, cuando mujeres se reunieron en las escaleras del Teatro Municipal para protestar contra el aumento de los delitos de género en todo el país. A partir de ahí, la fecha es parte del calendario de las celebraciones femeninas en Brasil. Debido al coraje de esas manifestantes, en 2006, fue sancionada la Ley María da Penha, que crea mecanismos para refrenar la violencia doméstica y familiar contra las mujeres. La legislación es conocida por el 98% de la población brasilera y, a causa de ella, fue estructurada la red de atención especializada para las mujeres víctimas de violencia.

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