VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

02 agosto 2014

¿Perdimos el temor de Dios?

Puntos de Vista / Tony Raful* ¿Perdimos “el temor de Dios”?Zygmunt Bauman, uno de los grandes filósofos de nuestro tiempo ha escrito varios ensayos sobre la modernidad y la post modernidad, donde asegura que vivimos “tiempos líquidos”, por igual,“amor líquido”, “miedo líquido”, para señalar cómo los vínculos se han vuelto transitorios y los miedos consistentes. Nada permanece, hay una discontinuidad, los sentimientos son efímeros. Al hablar de una época líquida, la sitúa en lo fluido que es una sustancia que modifica su forma, que no permanece a lo largo del tiempo. Las formas sociales estables, que en otro tiempo eran un punto de referencia para organizar la vida, han perdido vigencia.
El interés en las ideologías trascendentales ha decaído y las instituciones, la religión y la familia, incluyendo hasta lo que se espera del amor, se han vuelto menos rígidas y más indeterminadas. Hubo un tiempo en el que la ocupación y el lugar del trabajo eran referentes con el que se daba sentido a la vida, pero los cambios en la economía han socavado esa estabilidad. Hoy los conceptos de trabajo y de comunidad son flexibles, en estado de incesante movilidad. El hombre líquido, sin permanencia ni seguridad, vive el momento, no planea a largo plazo”. Observamos una crisis profunda de valores que sacude a la sociedad en su conjunto, nada es estable ni garantiza el seguimiento ético de ninguna forma expresiva de conducta.
Vivimos y morimos todos los días sin asegurar la primacía del sentido del vivir. Carecemos de sentido y trivializamos todos los eventos cotidianos despojándolos de asomo de trascendencia. Ninguna muerte nos afecta lo suficiente. El olvido es casi inmediato. Ni siquiera perduran lo símbolos que estatuían el luto como una señal alta de solidaridad y de amor. Nadie recuerda ni siquiera los líderes que forjaron destinos de luz y humanidad, salvo las carteleras de efemérides, todos están lo suficientemente olvidados como para no servir de referencia moral en los asuntos de Estado. El pragmatismo es aterrador. Se requiere una reflexión profunda, ontológica, grave, incisiva. Todo está pasando como en un fi lm que luego de verlo en pantalla se olvida sin consecuencias. Independientemente de los conceptos y las categorías ideológicas y sociales, pienso que el ser humano del “tiempo líquido” ha perdido la fe en todas las variables y acepciones de la misión humana. “El temor de Dios” que los textos bíblicos definen como aborrecer el mal, sabiduría y confianza a los que andan en integridad, ha sido abandonado.
La gente del “tiempo líquido” no tiene ninguna creencia en la vida espiritual trascendente (salvo los creyentes agrupados en órdenes religiosas), no viven para ningún mañana, sino para un hoy perpetuo que es una engañifa ausente de amor. Bauman asume una idea plasmada por el escritor Milán Kundera en “Los testamentos traicionados”, que a mí me parece de un significado conmovedor, al decir que el escenario de nuestras vidas hoy, está envuelto en una niebla, “en la niebla se es libre, pero es la libertad de alguien que está entre tinieblas”. Al redefinir la libertad, este concepto es esclarecedor, se habla de libertad festinando el criterio y otorgándole al mismo una ocupación absoluta de destinos egoístas. No se es libre sin compartir la solidaridad, y no hay libertad viable sacrificando los derechos compartidos de la comunidad.
En el “tiempo líquido” se vive de espaldas a toda noción humana de búsqueda espiritual. Nadie está satisfecho y en vez de modificar internamente su conciencia moral para irradiar amor a los demás, vive en un estado de sedición del cuerpo, compitiendo en niveles egoístas, en una inútil carrera contra el tiempo, que finalmente conduce a la desintegración de las formas físicas. Claro que se es libre, más libre individualmente, pero es la libertad de alguien que está en las tinieblas. Todo es menos consistente en los afectos dentro de un vacío ilimitado de excrecencias. El llamado progreso es relativo, y no puede circunscribirse a la era digital y a los saltos cibernéticos.
Detrás de los operadores y de las fabulosas e ingeniosas máquinas y ordenadores electrónicos, hay un eclipse de amor, un cúmulo de ansiedades y un desperdicio de cavilaciones sociales y espirituales que hace de mucha gente cascarones sin brillo ni profundidad. “Si no hay Dios, todo está permitido”, dice Dostoievski, en la boca de uno de sus personajes, en la novela “Los hermanos Karamazov”. La idea no es justa. Aún cuando no haya Dios, el amor es fundamental, el amor trascendente, espiritual.
San Agustín dijo “ama y haz lo que quieras”, porque Dios es amor, y el amor redime, nos ata a una permanencia de fe y esperanza, válido para este “tiempo líquido”, para esta angustia de vivir sin sentido. *Tomado del Listín Diario, edición 13 de mayo 2014.

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