VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

19 agosto 2013

Asesinos Silenciosos

Solidaridad / CRCR*
La idea de los desastres “silenciosos” u “olvidados” no es totalmente nueva. Estos términos se utilizaron ya en el decenio de 1930 cuando una Liga de Sociedades de la Cruz Roja cada vez más globalizada (hoy Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja) comenzó a hacer frente a más y más desastres naturales en todo el mundo.
Hoy el mundo se entera de los desastres de gran magnitud casi instantáneamente. En algunos casos, las personas afectadas usan Skype, YouTube, Facebook o Twitter para informar sobre los acontecimientos que están ocurriendo.
Pero como la mayoría de la población mundial no dispone de teléfonos inteligentes ni de buenas conexiones a Internet sigue produciéndose el llamado “efecto CNN”: los eventos que captan la atención son los que reciben una cobertura sostenida con imágenes potentes, los otros caen en el olvido y se convierten así en desastres silenciosos.
Pero “desastre silencioso” es un término extraño. Los vientos que arrancan un techo o las aguas que arrasan una casa entera son cualquier cosa menos silenciosos para los afectados. El silencio tiene que ver con lo que se escucha, o no se escucha, en los países donantes, especialmente en épocas de dificultades económicas.
Dada esta realidad, algunos donantes y las organizaciones humanitarias consideran que para hacer frente a estos desastres lo más acertado es reducir la vulnerabilidad de las personas antes de la tormenta, el terremoto o la sequía siguiente.
“Este es un cambio sustancial de mentalidad y de práctica, que va de distribuir la asistencia a las personas afectadas por la sequía con el fin de sobrevivir hasta la próxima sequía, a invertir en el largo plazo: instalación de sistemas de riego, promoción de cultivos más resistentes, ayuda a los pastores a manejar su ganado”, escriben dos comisionados de la Unión Europea (UE ), Kristalina Georgieva y Andris Piebalgs (en representación de la asistencia humanitaria de la UE y las organizaciones de desarrollo, respectivamente), en una editorial conjunta elaborada para el sitio web de Cruz Roja Media Luna Roja.
Hoy gracias a las financiación del Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO), la Federación Internacional y 11 Sociedades Nacionales de países de la Unión Europea llevan a cabo 55 proyectos de preparación para desastres en 36 países en colaboración con las Sociedades Nacionales anfitrionas. En febrero, emprendieron, conjuntamente con diez Sociedades Nacionales, una campaña de sensibilización pública sobre los desastres silenciosos (www.ifrc.org/silentdisasters).
Ha sido una progresión natural. En los años setenta y ochenta, muchas naciones donantes y el sector humanitario comenzaron a sentirse frustrados por la repetición cíclica de los desastres en las zonas vulnerables. Muchos se percataron de que los desastres naturales tienen tanto que ver con los sistemas de desarrollo humano como con las pautas meteorológicas. “Algunos críticos de las operaciones de socorro afirman que su objetivo principal es devolver a las víctimas al statu quo”, concluyó un artículo en 1984, titulado Los desastres naturales: ¿actos de Dios o actos del hombre? “Sin embargo, es el statu quo el que los vuelve vulnerables y propensos a los desastres”.
Algunos temen que el cometido humanitario se diluya o esté en peligro si las organizaciones de socorro de emergencia asumen una carga demasiado pesada o se atienen demasiado a los programas de los gobiernos o del desarrollo. Otros sostienen que la preparación para desastres debe ser un aspecto clave del desarrollo local y de la comunidad en un mundo donde no todos los desastres se tratan de igual forma.
A veces en un mismo desastre se da ese trato desigual. Tomemos el caso del huracán Sandy, (véase gráfico) que azotó la costa este de Estados Unidos en noviembre pasado, causando gran destrucción y la muerte de 131 personas. Dado el contexto de elección presidencial en la que el cambio climático era un tema central, la atención mediática fue intensa. En cambio, casi no se habló de las consecuencias del huracán en las Bahamas, Cuba, Jamaica, Haití y la República Dominicana, pese a que la tormenta fue igual de devastadora (unas 137 personas muertas o desaparecidas; grandes daños en casas y cultivos). “Sabemos que nuestros sistemas de alerta temprana son excelentes y nos permiten estar bien preparados, pero simplemente no podemos aceptar la pérdida de tantas vidas”, dijo Luis Foyo Ceballos, Secretario General de la Cruz Roja Cubana.
Del mismo modo, el “súper” tifón Bopha mató a más de 1.000 personas y dañó o destruyó más de 216.000 viviendas en la isla de Mindanao (Filipinas). La Federación Internacional, la Cruz Roja de Filipinas y el CICR proporcionaron socorros a miles de personas. Pero el llamamiento de la Federación Internacional por valor de 16,2 millones de francos suizos para Bopha había recibido en febrero solo el 30% de los fondos solicitados, lo que significaba que se podía proporcionar materiales para la reparación de albergues solo para 5.000 de las 15.000 familias beneficiarias. «Fue una tormenta de categoría 5, la más elevada en la escala», dice Necephor Mghendi, jefe de operaciones de la Federación Internacional en Filipinas. “Si este desastre no capta la atención de los donantes, el futuro para los sobrevivientes se ve bastante sombrío”.

Salto en el tiempo
En 1992, el Centro para la Investigación de la Epidemiología de los Desastres (CRED) registra 221 desastres naturales, que se cobran un total de 14.811 vidas, afectan a 78 millones de personas y causan pérdidas económicas por valor de casi 70.000 millones de dólares. En 2011, CRED registra 336 desastres naturales, que se cobran unas 31.105 vidas, afectan a 209 millones de personas y causan pérdidas económicas sin precedentes por un total de casi 366.000 millones de dólares.

* CRCR, la revista del movimiento internacional de la Cruz Roja Internacional y de la Media Luna Roja

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