VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

23 mayo 2013

Cuidado con el vuelo de la chichigua fuera de tiempo


Relatos | Padre Eulide García, MSC
Cuidado con el vuelo de la chichigua fuera de tiempo
Una mañana tranquila un grupo de niños jugaba a la orilla del mar.  Aprovechaban el viento oportuno  para volar sus chichiguas y verlas encumbradas en lo más alto del cielo. Los niños se divertían mucho, y solo se escuchaba las voces de regocijo de algunos de ellos que decían “la mía etá’ ma alta”,  o “pero la mía e má bonita”; en fin, cada uno ensalzaba su chichigua.  Acto seguido, se acerca una niña que quería participar de aquel agradable momento, solo ver, sin intención de competir con ellos.

Pero grande fue mi sorpresa cuando me percaté de que los niños irrumpieron rápidamente para pedirle a la niña que abandonara el lugar.  Ella se resistió diciendo que la playa no era de ellos, y que ella se quedaría allí.  Los niños se enfurecieron y comenzaron a empujarla hasta sacarla del entorno y quedar ellos de nuevo dueños del lugar, mientras a la niña no le quedó más remedio que alejarse porque llevaba “las de perder”. Sus contrincantes eran muchos, más grandes que ella y estaba consciente de que no podía enfrentarse con aquel pequeño ejército de hombrecitos machistas.

Esta escena me llamó a la reflexión para observar la actitud de aquellos niños frente a la indefensa niña.  Si traspolamos esta reflexión al accionar de nuestra sociedad, nos damos cuenta de que siempre el poder va imponiendo sus reglas y de una manera u otra,  va empujando a todo aquel o aquella que quiera participar de un mundo mejor y eso es frecuente verlo cotidianamente en nuestra cultura.

Si damos una mirada a nuestras ciudades, nos daremos cuenta como a los marginados se les ha empujado para que vivan fuera de ellas o más bien de los lugares más dignos de vivir.  A ellos se les dejan los bordes de los ríos y cañadas y cerros empinados que con cualquier pequeño aguacero lo pierden todo, sea por crecida de la cañada o derrumbe del barranco.  Esto definitivamente los excluye de todo derecho fundamental, de los servicios más elementales y les obliga a vivir en la pobreza extrema renunciando a su derecho como ciudadanos de una nación, que aunque en vía de desarrollo, les adeuda el trato digno.

Y como sucede en las ciudades,  así mismo somos tratados por las potencias poderosas. Ellas imponen reglas del juego, nos empujan a vivir a su manera y no cabemos en su círculo privilegiado. Es así como al pueblo lo comparo con la niña de la historia de la chichigua; nos empujan fuera y solo se aprovechan de nuestra “pobreza”.  Las comillas de esta palabra, es porque en sí no somos pobres;  los políticos han empobrecido nuestra sociedad, precisamente porque la riqueza de nuestra tierra la regalan simplemente para hacerse los graciosos ante el poder extranjero, caso palpable (contrato de la Barrick Gold), en el que nuestra riqueza se esfuma, expulsándonos del reparto de ganancias.  Es como si no cupiéramos en ese juego de ellos. Ahora se divierten viendo volar su chichigua por el  alto cielo con el precio más alto, el del oro que se ha elevado por acto de magia a lo más altos precios del mercado internacional, reportando jugosas ganancias que no comparten con este pueblo.  Así que ríen, justo como reían aquellos niños al ver su papalote en la cumbre del cielo.

Para concluir este artículo quiero citar dos textos de la Biblia donde nos habla de dos episodios que hacen referencia sobre como los que molestan siempre serán empujado hacia fuera, porque no caben en su círculo de vida.  El primer caso es de Jesús que le enrostra a su gente su falta de fe. Las palabra de Jesús  “enfurecieron a la gente y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.(Lucas 4, 21y ss.).

Todo el que enfrenta el poder debe estar preparado para lo que viene, y la consecuencia puede ser la muerte, así nos lo dice los hechos de los apóstoles cuando narra el martirio de san Esteban que también fue empujado y asesinado: “Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre, y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon…”

Nos queda una alternativa: dejar que sigan volando sus chichiguas o defender el espacio  que es, como decía la niña: “la playa no es de ustedes”, pero para defender ese espacio no es solo ni sola;  es una lucha de todos y todas, porque individualmente nos podrán empujar pero organizados no.

Es oportuno que no permitamos estos procesos ahora que también desean apoderarse de la Loma de Miranda.  Así comienzan y después no habrá manera de recuperar lo nuestro.  Antes de comenzar su vuelo de chichigua, es necesario impedir el viento que hace posible la elevación de la misma y ese viento viene de un lugar llamado Estado, donde muchos soplan con la intención de cobrar su soplido.  “Los tropezones hacen levantar los pies”, y si no bastó el primer tropezón que dimos con la Barrick Gold, un segundo nos hará  mucho más daño. ¡Ya basta de cambiar oro por espejitos! Avancemos como sociedad. adh 768

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