VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

12 marzo 2013

Experiencia personal del Milagro

Testimonio | Lally Hernández Pichardo La experiencia personal de un Milagro: ¡Cómo se vive!La Fe es un don de Dios: “Nadie puede venir a mí, si mi Padre no le atrae" Jn 6, 68. Los Apóstoles le dijeron al Señor “Auméntanos la fe” Y el Señor les enseñó que si tuvieran fe nada les sería imposible (Mt 17, 20-21). A la mujer que tenía doce años enferma y tocó el borde de su capa, Jesús mirándola le dijo: “Animo hija, tu fe te ha sanado. Y desde ese momento la mujer quedó sana" (Mc 5, 21-43).
Es ya rutinario, escuchar cada día en los grupos cristianos, cómo el Señor realiza milagros. Sólo que no se parece a cuando eres tú misma la persona a la que el Señor ha escuchado y ha contestado con ese milagro. No es fácil narrar el hecho, los momentos angustiosos que has vivido, desde que tus oídos escucharon el fatal diagnóstico. Te dice tu médico: “Patología nos informa que su estudio histopatológico fue positivo, encontró cáncer en su biopsia”.
En ese momento y en los días sucesivos sólo existe esta realidad en tu mente. Acudes (claro, si eres persona de fe), a los pies del Señor Jesús, el médico divino que a tantos devolvió la salud a su paso por este tierra. Le expones tu penosa situación de enfermedad grave, mortal, y le suplicas te devuelva la salud, tesoro tan preciado pero que sólo se le valora cuando se pierde. Comienzas a caminar entre brumas, entre sombras, acudes a tu médico -especialmente si te ha tocado un médico tan humano como competente, como ha sido mi caso- y él te invita a conversar, a buscar las soluciones que pueden existir, no sin antes llevarte a la reflexión cristiana; por ejemplo, al comunicarme sobre el resultado positivo de la biopsia él me puso el tema de Jesús en la cruz (fue la única vez que lloré en todo este trayecto, siempre sufrí estoicamente). Te refiere a un colega, en otro centro más especializado en el área como lo es el Instituto de Oncología aquí en nuestro medio. Sigues caminando, atravesando valles y cañadas oscuras, aunque viviendo el salmo 23: “El Señor es mi Pastor, nada me falta, ..."
No te sueltas de esa mano que es tu guía, mano poderosa que va rompiendo barreras, aunque tú no la puedes ver. Sólo se deja sentir sí, en la voz alentadora de tu médico, que El te ha designado como un ángel guía. Atraviesas el camino estrecho y oscuro de la fe. No hay respuesta al atardecer de cada día. Sólo sabes que caminas con seguridad porque tienes la certeza de que El te acompaña en el trayecto de esta noche oscura. Sufres, pero con valor; no desmayas.
La oración a que se acude con más fuerzas es a esa que no hace ningún hombre sino el mismo Cristo, o sea, la Santa Misa, la Eucaristía. Y los muchos rosarios a la Madre María, para que nos enseñe a pedir a Jesús, tal como lo hizo en las Bodas de Caná. Sigues sometiéndote a los innumerables chequeos que te van indicando, mientras tanto en tu mente existe ese punteo continuo: “Tengo Cáncer”, es como una nube gris encima de tu psiquismo total: alma, espíritu, en fin, de todas tus facultades. Solo la fe te produce un halo, un escape hacia el respiro, hacia la tensión de búsqueda incansable, para evitar caer en facetas avanzadas de la enfermedad.
A esto se suma otra preocupación: no poseer un Seguro médico, siempre me dije: “Total, los seguros de nada me sirven, ya que no me enfermo de nada, ni de un dolor de cabeza”. Pasaban los años y no los necesitaba. Ahora, qué pena, ¿y cómo lograrlo para rápido? ¿Y me aceptarán en cirugía antes de por lo menos 6 meses? Y, siendo esta una enfermedad tan temible, ¿me atreveré a preguntar siquiera si me aceptan? Era otra puerta cerrada para mí porque mi economía estaba en una inversión de la que no podía mover un solo peso (una locura, no dejar margen para imprevistos). He sabido de personas que han llegado hasta a la ruina económica por causa de esta enfermedad; por encontrar su curación, han vendido todo, además endeudándose.
De este fardo de problemas le hablo a mi médico y consejero, le digo que voy a vender el vehículo, o el apartamento. Me contesta: ¿Cómo se le ocurre? Eso lo podemos solucionar con menos dinero. El se queda pensativo, pero no amedrentado. Me dice: "No se preocupe, esto yo lo voy a solucionar. Hablaré con un Colega que es dueño de una clínica, me dará un precio cómodo, que aún con una suma modesta podré operarle, porque yo no cobraré nada por esa intervención". Me sorprende la generosidad de mi médico, luego hablando con otros médicos de su círculo de trabajo es cuando escucho que a él se le cataloga en ese medio como una persona excepcional. Escuchar esto aún hoy me estremece al darme cuenta de que existen estas personas entre nosotros y las pasamos desapercibidas hasta que nos tocan directamente o a través de personas muy cercanas. Por ello alabo y bendigo con más fuerzas a mi Cristo, que no sólo suscita esta calidad de personas, sino que además me las pone en mi camino. ¡Gracias Jesús! Eres tú, presente en él. La gestión no avanza, pues su médico amigo está fuera del país. Esa noticia sí me enfría el alma. ¡Oh Dios mío! ¿Dónde estás? Y todas las gestiones de mi médico..? ¿Qué sucede Señor? Estoy en el piso… ¿Qué puedo hacer? ¡No me abandones! (Recordé la primera reflexión a que me llevó mi médico, sobre Jesús en la agonía, el día que me refería al Oncológico). Comienzo a gestionar el Seguro Médico. Con una iluminación y una fuerza tan grandes (que yo no las veía, pero estaban en mí), que ya al mes tenía el carnet del Seguro en mis manos.
Pero lo más increíble, lo que me dejó atónita fue que al preguntar si podría usarlo para cirugía y en qué tiempo, me contestan que sí, que de inmediato. Corro donde mi médico a darle la buena nueva. El se pone feliz como es lógico y en seguida procede a fijar la fecha de la intervención.
Al fin llega el día y hora fijados para ello. Me interviene ya al fin, acompañado de un colega cirujano general, realizando una minuciosa labor que finaliza con el envío de todo el material a Patología para realizar la Biopsia, que ya es la cuarta y la definitiva. Los anteriores estudios habían dado todos resultados positivos: - Un primer estudio en el Centro Histopatología del Instituto Dermatológico Huberto Bogaert, Santo Domingo, con un diagnóstico de Carcinoma Ductal Grado 11 infiltrante. - Un segundo estudio en el Instituto de Oncología Dr. Heriberto Pieter, Santo Domingo, que confirma este diagnóstico. - Un tercer estudio en EEUU, M. Pathology Cáncer Center, Madison Avenue, el cual confirma los anteriores estudios y especifica con más claridad. Ya con tres diagnósticos coincidentes, provenientes de centros dignos de credibilidad como los citados, mi médico desde el principio, el Doctor Ángel Alfonso Taveras, Oncólogo- Cirujano, junto a su Colega, Doctor Jaime Batista, Cirujano General, llevan a cabo la correspondiente Intervención Quirúrgica el día 4 del mes de junio de 2012, en el Centro Médico Hispánico, enviando el material requerido al Laboratorio, para fines de Biopsia. El 12 de junio de 2012 se recibe el reporte patológico RB No1220, firmado por el patólogo Doctor Rafael Alba Fernández, que declara libre de toda malignidad el estudio completo, o sea una Biopsia diáfana, limpia de todo lo que antes habían presentado las muestras extraídas y estudiadas en los laboratorios antes citados.
¿Qué pasó ahora con los tres diagnósticos anteriores que mostraban el daño cancerígeno? Todos fueron estudios serios, y acreditados, en eso estamos de acuerdo. Lo que ha pasado es tan sencillo, como que el Señor Jesús me ha escuchado, no se hizo sordo a mis gemidos, aquilató mi fe y mi confianza en El. Por eso pienso que el Señor Jesús tuvo muy en cuenta el enorme grado de fe en El que tanto médico como paciente siempre profesamos en este caso. La confianza de mi médico estaba basada no sólo en la fe, sino en el trabajo que había realizado al extraer el nódulo. Decía: “Yo sé como limpié ese área”. O sea que él unía su trabajo a la acción de Cristo. Por ello ¡las glorias y las alabanzas sean para Él, el cordero de dios, el médico divino que sigue aquí entre nosotros dándonos vida y vida en abundancia! A ustedes, mis hermanos en la fe, les invito a ayudarme a darle “Gloria” en todo momento en esta vida, por los Siglos de los Siglos, continuando por toda la eternidad. Espero que mi testimonio les sirva de algo. Gracias. Lally Hernández Pichardo. Mi Médico, el Doctor Ángel Alfonso Taveras.

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