VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

25 enero 2013

Promesa de Año Nuevo

Reflexiones | Telésforo Isaac. Promesa de Año Nuevo: Conocerse a sí mismo. Es tradicional que al principio del año calendario secular, muchas personas hacen promesas de iniciar nuevos modales de pensar, relacionarse, disciplinar la vida para empezar una nueva forma de conducirse durante el nuevo año. La mayoría de las veces esos votos hechos en momentos de condición emocional y con expresiones emotivas; se olvidan muy pronto y desaparecen como gotas de agua de rocío al frente del sol naciente de un nuevo día. Pues, las promesas de año nuevo se parecen a lo que escribió José Ángel Buesa en su poesía: “En la gota de rocío brilla el sol, la gota de rocío se seca”, y “desaparece el brillo y el perfume de la rosa”. Las personas sensatas deben hacer promesas atendibles y poner de su parte todos los esfuerzos para cumplirlas lo mejor posible, y no ser “como gotas de rocío que brillan al amanecer de un nuevo día para desaparecer a la salida del sol”. A fin de mantener los votos tomados al comienzo del nuevo año y cumplirlos bien, se debe hacer el importante ejercicio de “conocerse a si mismo”. El tema del “conocimiento propio” se viene tratando en la civilización occidental desde la época de los filósofos griegos. Se dice que Tales de Mileto (ca. 630-545 a.C.) fue la primera persona que consideró esta condición humana inherente de la personalidad. Ahora se reconoce este estado del ser humano, particularmente en la psicología, pero también en otras ramas de las ciencias sociales, como la ética. El conocimiento propio, es en verdad, el secreto que ofrece respuesta fehaciente para la comprensión del “porqué uno es como es”, y sirve por tanto, para orientar la formación, la educación, el carácter, la mente, la conciencia, la conducta, en fin, los sentimientos y las actividades de cualquier persona. Es también útil para aprender a tratar a los demás. Conocerse a sí mismo es poner el “YO” al desnudo, es hacer un examen exhaustivo de uno mismo, y obtener un diagnóstico de cómo uno es en verdad. Es quitar el vendaje de los ojos y ver las partes positivas y negativas de uno mismo. Es mirarse en el espejo del alma y escudriñar la forma de pensar, la conducta y las relaciones con Dios, con uno mismo y con otros. Hay que estar atento y dispuesto a efectuar introspecciones de vez en cuando para determinar la realidad del estado del ser. Las reflexiones hechas periódicamente ayudarán a revelar y a usar mejor las facultades de la inteligencia espiritual y emocional; además, permitirán mejorar los ajustes de los sentimientos en las relaciones inter-personales, para la satisfacción personal y social. No es frecuente mencionar el valor de “la constancia”, porque pasa desapercibida comúnmente en nuestra sociedad, aunque la condición de ‘no ser constante’, es tan común en un número considerable de personas, se hace difícil detectar esa condición de la personalidad humana. Para la persona que padece de la condición de “no ser constante”, se le hace difícil ser plenamente auténtica, perseverante, solidaria y apegada a una ruta delineada hacia un propósito o meta preconcebida. La personalidad inconstante sufre de inmadurez sin querer. Da saltos de manera incoherente, para después lamentarse y puede echar la culpa de su suerte a otros. No se hace personalmente responsable de su ineptitud de mantener el timón de su vida, y de su involuntario desvío al no alcanzar lo que creyó ser meta en el porvenir. La persona que adolece de ser inconstante, que no llega a conocerse a si mismo y cambiar de esa condición, continuará buscando fuera de sí, o lo que está afuera del área de su vida y podrá llegar a creer que lo ajeno es mejor que lo suyo. Apreciado lector, conócete a ti mismo, se persevante, mantén vivos los votos concebidos y jurados, para no ser como gota de rocío que desaparece con el brillo del sol o al amanecer de un nuevo año. Telésforo Isaac Obispo Emérito Iglesia Episcopal/Anglicana Santo Domingo, R.D.

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