VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

30 diciembre 2012

Reflexión sobre el amor

En Famillia | Mariely Maxwell. Un momento de reflexión sobre el amor. Llega un nuevo fin de año. Sí, diciembre es un mes para pensar en el final, pero siempre es bueno pensar en el inicio que se aproxima. En la siguiente reflexión espero que encontremos una razón para mirar el año que termina y despedirlo con amor. Dejando las manos libres para recibir el año que está por llegar. El ser humano por naturaleza es sumamente egoísta. Esa es una razón por la cuál Dios en su infinito amor nos llama a que veamos más allá de nosotros mismos. Muchas religiones utilizan el temor para hacer que las personas conozcan el amor de Dios. Algo que parecería una contradicción. Sin embargo, se ha demostrado que el cerebro primitivo en el hombre reacciona por sentimientos fuertes y contrastes. Estos sentimientos activan el proceso de reevaluar las decisiones. El temor es lo que impide que un niño entre la mano en la estufa; sobretodo, si existe una experiencia pasada que le sirva de parámetro. Así mismo, el amor es el que permite a las parejas perdonar ofensas. Confiar después de haber sido defraudado. Contar con la presencia del ser amado aún cuando este nos ha dejado esperando en múltiples ocasiones. Contestar el teléfono cuando aún se siente enojo. En ocasiones el altruismo es sólo una forma de disfrazar nuestro egoísmo. Por eso si leemos corintios 13, “ aún si entregamos nuestro cuerpo para ser quemado, por los demás, y no tengo amor. De nada me vale” y sin amor de nada sirve. Porque toda acción realizada con la ausencia de este sentimiento es vacía, algo que hemos hecho para llenar nuestro deseo de llamar la atención. La frase de la difunta Madre Teresa de Calcuta: “Ama hasta que duela y cuando duela ama un poco más” nos recuerda que el ser humano se centra en sí mismo de cara a los demás. La entrega real es como la que Jesús le propuso al joven rico: Vende todo lo que tienes, repártelo a los pobre y sígueme. Jesús nos pide que saltemos sin paracaídas y confiemos en que él nos sostendrá en su amor. Pero entender que esto es una realidad cuesta mucho. Sobre todo porque dejar lo que hemos construido, lo que pensamos que nos pertenece, nos hace sentir que perdemos. Que fracasamos. Nos activa el cerebro primitivo y deseamos tener la seguridad que nos brindan las riquezas acumuladas. Vivir como las aves y las bestias del campo, sin centrarnos en los afanes del mundo. Disfrutar los momentos con la familia sin la preocupación de producir lo necesario para comer y vestir es lo que nos pide Jesús. Dejar de preocuparnos por todo. Y ocuparnos más de lo que tenemos pendiente. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Saber que el trabajo nos provee nuestro sustento; pero que las bendiciones vienen de Dios. Y nuestro señor es fiel a su palabra. Por lo tanto debemos recordar la frase “busquen primero el reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura” Trabajar la tierra, ahorrar, cuidar de los animales, cuidar las cosas materiales que Dios nos regala, son algunas de nuestras obligaciones que no debemos descuidar. Pero recordando siempre que no sabemos el día ni la hora en que nos toque partir. Y, como siempre ha dicho una persona muy importante para mí, “la muerte es lo único seguro que todos tenemos en la vida”. Debemos disfrutar lo que hacemos cada día. De hecho he aprendido a pensar y si esta es la última vez… sobre todo cuando se trata de compartir con los seres queridos. Disfrutemos venciendo el egoísmo natural y tratemos de vivir centrados en el amor. Aún cuando sea más fácil decirlo que hacerlo. Subamos cada día un peldaño. Que las montañas altas se suben un paso a la vez. Y la cima se alcanza sólo con perseverancia. En Famillia | Mariely Maxwell

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