VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

30 noviembre 2012

Educar para la Vida

Mariely Maxwell | En Familia. Desde muy temprana edad los seres humanos iniciamos nuestra educación académica. Sumar, restar, dividir, multiplicar, leer y escribir; se convierten en el día a día del ser humano desde la niñez hasta la adultez. El niño mas inteligente es el que obtiene las mejores calificaciones. Sin embargo, la última calificación, la que nos da la vida, es la decisiva y para esa no existe escuela. El primer examen de la vida llega con el matrimonio. Nadie va a la universidad para aprender la diferencia entre ser soltero o estar casado. El soltero puede hacer con su economía lo que se le antoje, el casado debe comenzar a pensar en conjunto. El soltero puede salir solo o en pareja sin dar explicación, el casado se debe a su pareja. No obstante, nadie enseña al joven o a la joven lo que se espera de ellos cuando se casen. La Iglesia católica realiza unos cursillos que permiten tener una idea de lo que debe ser un matrimonio. Pero 72 horas no son suficientes para preparar a una persona en la nueva vida que es el matrimonio. El segundo examen llega con la paternidad. Aunque ahora existen cursos y libros que nos enseñan algunos puntos básicos. Pero cada hijo es único y como tal las técnicas que funcionan con uno con el otro no trabajan igual. Es en el diario vivir cuando llegamos a saber cómo tratar a cada hijo. El tercer examen, quizás el más difícil de todos es llegar a conocernos nosotros mismos. Es fácil escuchar a alguien decir “Yo conozco bien a fulano y sé como piensa”. Eso es un error. No podemos conocer a otros cuando en ocasiones no nos conocemos nosotros mismos. En otro orden de ideas, podemos decir que un cuarto examen llega con nuestro diario convivir y la negrita se debe a que no es igual vivir que convivir. Los animales irracionales viven. Nosotros estamos llamados a convivir con nuestros prójimos. Es increíble lo que nos cuesta sonreír. Ver a diario como las personas al subir a un ascensor son incapaces de emitir un saludo a los demás. Cómo se han perdido las normas de cortesía. Saludar al pasar frente a un grupo de personas que están conversando en la acera. Saludar al entrar a la recepción de una oficina. Decir buenos días cuesta tan poco y vale tanto. Mariely Maxwell | En Familia

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