VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

10 abril 2012

Rosaura y Carlos Manuel: Amor y Fidelidad

El amor y la fidelidad de Dios fuente de unión En las bodas de plata de Rosaura y Carlos Manuel Rosaura y Carlos Manuel ya tienen 25 años de casados (sus hijos/a Carlos Martin, Víctor José y Karla María) y decidieron celebrar la renovación de sus votos matrimoniales, con una eucaristía muy emotiva y un encuentro familiar donde adultos, niños/as y jóvenes compartieron y vivenciaron de manera significativa el valor de la familia unida. En una época en que hay poca permanencia en el matrimonio, celebramos con mucha alegría el testimonio de esta pareja y dimos gracias a Dios por sus vidas, por su entrega, por la permanencia de la unión, la fortaleza, el amor, el respeto, la paciencia, la tolerancia, y el gozo de compartir la vida con quien se ama. ¿Qué ha hecho posible esta unión durante 25 años? Se trata de dos personas normales, sin condiciones sobrenaturales o de superhéroes. Las razones de su unión nos la iluminan los textos bíblicos que escogieron para la celebración, las que hemos llamado “Lecturas bíblicas para una Boda de Plata”. El uno para el otro: Cantar de los Cantares (6,3; 8,6-7), Sal 136 El amor de Dios es fiel, así se espera que sea el amor entre la pareja. La fidelidad implica el tener conciencia de que ese amor dura para siempre, y que para que dure no podemos abandonar la obra iniciada. Ser para el otro no significa una relación de esclavitud ni de dependencias. Cuando el Libro de Cantar de los Cantares (6,3; 8,6-7) dice “Yo soy de mi amado y mi amado es mío. Ponme como sello como sobre tu corazón, cual sello sobre tu brazo; Pues fuerte como la muerte es el amor”, hace referencia al sentido de pertenencia a un núcleo familiar, a un proyecto de vida. La idea del brazo podría expresar el sentido del abrazo, de la acogida. La fuerza del amor como la muerte, supone también el sentido de libertad. El Salmo 136 también nos habla de la permanencia del amor, pero nos llama la atención sobre la necesidad de no abandonar la obra. Muchas parejas aunque vivan juntas ya han abandonado la obra iniciada, pierden el sentido del convivir. La duración del amor implica un esfuerzo mutuo para vivir y convivir con esa otra persona con la que he decidido vivir mi vida. “Señor, tu amor perdura para siempre, no abandones la obra de tus manos” (Sal 136,8b) y mantén siempre encendida la llama ardiente del amor. La experiencia del amor se reconoce cuando cada uno, cada una, cuida del otro con respeto y dignidad. Para mantener la fidelidad al amor: revestirse de la coraza de la luz (Romanos 13, 11-14) La carta de Pablo a los Romanos nos habla de cómo debemos actuar para que el amor sea y se mantenga. Mantener un amor 25 años no es ocasional, hay unas actitudes, un comportamiento que hace posible esta historia de amor. Hay unos criterios éticos innegociables que comienzan por el respeto a la vida. Mantener una relación de amor supone hacer renuncias y vivir el día a día como un nuevo comienzo. En la carta de Pablo a los Romanos se advierte sobre los tiempos difíciles y sobre la necesidad de revestirse de la coraza de la luz para renunciar a las obras de la oscuridad; esta renuncia concretamente supone un comportarse con decencia, es decir, sin borracheras, prostitución y vicios. El cuidado de la relación de amor, de la vida en pareja implica un bien cuidar de nosotros mismos y de los otros. Un llamado especial al control de los impulsos, de los deseos que te alejan del proyecto de vida escogido, de la convivencia con tu familia. “Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución y vicios, nada de pleitos y envidias […] y no se dejen arrastrar por la carne para satisfacer sus deseos”. Para permanecer en el amor, amar como Dios nos amó (Juan 15,9-12, 16-17) Juan nos habla de la felicidad, la alegría y los buenos frutos, como parte de la experiencia del amor. La verdadera felicidad está en el sentido que le damos a nuestra vida y al proyecto de amor que decidamos vivir. En una sociedad que nos pone el sentido de la alegría en las parrandas, las borracheras o en el consumo, el Evangelio nos dice que la alegría esta en permanecer en el amor y en los buenos frutos, así como en amar a los otros como Dios nos ha amado. El amor que permanece en el amor de Dios, se extiende en el amor a los demás, de ahí nace la experiencia de la comunión. En el Evangelio de Juan Jesús nos invita a permanecer en el amor y quien permanece en el amor es plenamente feliz y da buenos frutos. “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado […] Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando”. Siguiendo la Biblia / Rita Ma. Ceballos /adh 756

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