VEINTICINCO SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

22 abril 2012

Cónyuges y Padres

Esta vez abordamos una temática inusual o tal vez poco tratada. Se trata de aclarar o corregir usos inapropiados. La rectificación de acciones o costumbres incorrectas resulta plausible. Aquí solo citaremos o tocaremos algunos casos, como muestra, de las muchas desviaciones que se observan. Los lectores interesados y acuciosos podrán aumentar o extender la lista. Queremos expresar el poco uso que se hace del término cónyuge. Muchas veces se pronuncia la última sílaba como si llevara u después de la g (cónyugue). El vocablo cónyuge se refiere al matrimonio. Usualmente se dice: el esposo y la esposa, la compañera o compañero, o la pareja… Si se dice su cónyuge o cónyuges, se utilizaría una expresión más precisa y apropiada. El cónyuge es el esposo o la esposa. El padre respecto de la madre y viceversa es su cónyuge. Es mejor el término cónyuge en vez de compañeros. Un compañero es cualquiera. Los cónyuges constituyen partes iguales o equivalentes en la autoridad, responsabilidad y afectividad del hogar. Hay que resaltar el rol de los padres (hombres), pues la sociedad tal vez inconscientemente lo minimiza, lo aísla, lo margina; y a veces hasta lo descarga de responsabilidades. La sociedad suele conducir a cada cónyuge por caminos diferentes. Establece patrones, a todas luces equivocados, para reservar renglones al varón y otros a la hembra o madre. Esto se observa en situaciones diversas, que muchos pasan desapercibidos. Citamos algunos ejemplos de los muchos que se ven, o se escuchan: ¡Muchacho deja eso! ¡Ese es oficio para hembra! A veces es la cónyuge quien se expresa así. Es una invitación implícita o inconsciente de resaltar que el hombre o varón solo debe ocuparse de cosas ásperas y pesadas. Muchas veces, sin querer, la mujer invita al varón al ocio cuando pudiendo realizar o resolver alguna tarea en la casa, lo exonera por delimitación absurda de roles o funciones. También se escucha: ¡No debes estudiar esa carrera u oficio! ¡Eso es para hombres!, o al revés, ¡Eso no es para mujeres! En el caso de los niños: ¡No uses ese juguete! ¡Eso es para hembra!, o al revés, le dicen a la hembra: ¡Tú no eres varón! Por otro lado, muchas personas entienden que la compra en el supermercado es solo para mujeres. Casi se le prohíbe al varón. También se escucha: ¡Las amas de casa están al grito con las alzas! ¿Y los varones, que generalmente aportan dinero para las compras? Hasta la iglesia, algunos predisponen a que sea lugar de mujeres. Cuando algún muchacho incurre en alguna acción aviesa o díscola, suelen decir: ¡Ese muchacho, no tiene madre! Ahí el padre queda excluido de responsabilidad. Y resulta una verdad inconclusa que en esa situación debe preguntarse por los padres (papá y mamá). Por suerte, aunque todavía hay muchas barreras por vencer, las separaciones insensatas de carreras, oficios, ocupaciones y roles diversos entre varones y hembras desaparecen. Las mujeres conducen vehículos, muchas son policías, siguen estudios universitarios. Y hasta superan el número de varones en algunas carreras. Un porcentaje significativo de mujeres desempeñan labores en diferentes instituciones. Eso obliga a distribuir las labores hogareñas con el cónyuge. Niños y niñas deben aprender por igual a limpiar, lavar y atender recién nacidos. Si solo se adiestran las niñas en estos quehaceres, ¿cómo se pretende que siendo adultos colaboren eficientemente en esas labores? Es necesario equilibrar las riendas del hogar. Y siempre que los ingresos de un cónyuge, generalmente del esposo, alcancen para los gastos indispensables del hogar, es deseable que su pareja permanezca en la dirección del hogar. Así se evitarían muchos conflictos. Habría espacios más propicios para vivir los valores religiosos, morales y las enseñanzas de Jesús. Así la familia, la sociedad y el mundo resultarían gananciosos. Familia Hoy / Lic. Pedro Grullon Torres (LMSC) adh 756.

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